Si no se actúa contra el cambio climático, la eurozona pagará un peaje elevado.

Según un estudio del Banco Central Europeo (BCE) llevado a cabo la semana pasada (el primero que trata sobre el impacto del estrés del clima sobre la economía del euro) la inacción a la hora de combatir la emergencia climática supondrá, en el caso más extremo, un recorte de la riqueza de hasta el 4% para el 2030 y más del 10% para finales de este siglo. El análisis abarca a 1.600 entidades de la eurozona y 2,3 millones de empresas no financieras. En particular, las firmas medianas europeas podrían ver desplomarse su rentabilidad hasta un 40% en el 2050, en la hipótesis de riesgo climático máximo.

Los cálculos parten de una premisa: la transición energética también tiene un coste, especialmente a corto plazo. Pero el no hacer nada supone una factura muy superior que se cobrará en el futuro. En este sentido, en el estudio el BCE lanza un mensaje que interesa de cerca a la coyuntura que se vive en la actualidad española. “La energía verde, que será producida de forma más eficiente, permitiría a los precios emprender suavemente un movimiento a la baja”. En concreto, a partir del 2025 el descenso debería ser significativo, hasta llegar a una bajada del 20% para el año 2050. En cambio, retrasar la transición energética tendría como consecuencia prolongar los sobrecostes para empresas y para consumidores.

Dinero para perforar el ártico

Un informe publicado por la oenegé Reclaim Finance revela que los bancos prestaron más de 267.000 millones de euros entre el 2016 y el 2020 a empresas de petróleo y gas que desarrollan proyectos en el Ártico. JP Morgan, Barclays y Citigroup son los más activos.

Hacer estimaciones a largo plazo suele ser difícil, pero para que se tenga una idea, hace un par de semanas una amplia investigación llevada a cabo esta vez por el University College de Londres y publicada en la revista Environmental Research Letters apuntaba que los daños de la inacción climática podrían ser mucho mayores que los augurados por la institución que preside Christine Lagarde. Porque el mencionado estudio sostiene que para el 2100, el PIB mundial podría ser un 37% más bajo por los impactos del calentamiento, es decir, cuatro veces más que lo que pronostica el BCE para la eurozona.

Esta diferencia reside en que los investigadores en su análisis tienen en cuenta también los efectos duraderos de las variaciones del clima. En efecto, es probable que los eventos extremos como sequías, incendios, olas de calor y tormentas causen daños económicos a largo plazo debido a su impacto en la salud, los ahorros y la productividad laboral.

“Si dejamos de asumir que las economías se recuperan en meses de olas de calor o inundaciones, entonces los costes del calentamiento parecen mucho más altos de lo que se suele afirmar”, apuntaba Chris Brierley, uno de los auto­res. Para sus estimaciones, los científicos han triplicado el valor del coste social del carbono, una medida que estima el impacto económico de las emisiones de los gases de efecto invernadero, que han pasado a ser valoradas hasta en 3.000 dólares por tonelada.

Los precios de la energía empezarán a bajar en el 2025 si se cumple con el recorte de emisiones

No obstante, no es solo un problema de cuantía. La emergencia climática tendrá un impacto desigual, porque ni todos los sectores ni todos los países sufrirán de la misma manera. En este sentido, el informe del BCE muestra que Grecia, Portugal, España y Malta tienen la mayor proporción de empresas expuestas a riesgos físicos derivados del cambio climático (bajo este concepto se entiende un aumento en la frecuencia y en la magnitud de los desastres naturales, como por ejemplo inundaciones que obligan a suspender la producción).

En particular, esto puede afectar a la solvencia de las compañías, lo que, en última instancia, golpearía a los bancos acreedores. En lo que se refiere a las entidades, la probabilidad de impago de los préstamos aumentaría un 7% en los próximos 30 años por efecto de los fenómenos climáticos extremos.

Esta vulnerabilidad de las entidades se debe también al hecho de que el 40% de los préstamos bancarios en la eurozona se conceden a la industria manufacturera, el comercio, la electricidad y el gas, sectores que deberán enfrentarse a transformaciones importantes para reducir emisiones en las próximas décadas.

Y, en este apartado, en España la situación no es de las mejores, ya que más del 60% de los créditos bancarios están sujetos a riesgos elevados a causa de la emergencia climática. No solo por operar en un área, como muchos países del sur de Europa, más sensible a los riesgos del clima, sino porque la exposición financiera de la banca española, en el 80% de los casos, se concentra en sectores de emisiones altas o medianas.

La rentabilidad de las firmas caerá hasta un 40% en el 2050 si no se apuesta por la economía limpia

Con lo que, para el sector bancario español, el reto ambiental se añade a una situación delicada. El último informe de Funcas sobre el sector, de este verano, alertaba de que “si bien la crisis de la Covid-19 no se ha traducido hasta ahora en un aumento de la tasa de morosidad, ya existen indicios de deterioro en la calidad de los activos (…). La banca española es la que concentra el mayor volumen de exposiciones refinanciadas de la eurozona (el 20%) (…) y el porcentaje de préstamos dudosos refinanciados es superior al promedio europeo (50,2%, es decir, 11,5 puntos porcentuales más)”.

Fuente: La Vanguardia